Tratamiento contable y fiscal en una operación de renting. Características del contrato

 
 
 

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Además de mostrar cuáles son los inconvenientes y ventajas que se pueden encontrar los arrendatarios en los contratos del renting, se hace un análisis de su tratamiento contable, a través de un ejemplo que muestra cómo contabilizarlo, así como los aspectos fiscales de este servicio

El renting es uno más de los contratos que tienen su origen en el mundo anglosajón y que se ha ido consolidando por su capacidad de dar respuesta a un conjunto de necesidades surgidas en la práctica empresarial.

Literalmente, el término renting se traduciría como alquiler, si bien su contenido y alcance van más allá, pues hace referencia a una fórmula de contratación atractiva que permite la utilización de determinados bienes por parte de sus arrendatarios (particulares, profesionales y empresas) que, además de su uso, desean obtener una serie de prestaciones adicionales, normalmente concretadas en el mantenimiento y aseguramiento del bien.

Con carácter general, podría definirse el renting como un contrato de arrendamiento a medio y largo plazo por el que una de las partes se obliga a ceder a la otra el uso de un bien por un plazo determinado de tiempo y a cambio del precio estipulado, siendo por cuenta del propietario el mantenimiento y conservación del bien arrendado. Es decir, la empresa de renting garantiza no sólo la utilización del bien por parte del arrendatario, posibilitando que éste no tenga que involucrarse en su proceso de compra, sino que además se caracteriza por incluir en el contrato todos aquellos servicios necesarios para el perfecto funcionamiento del bien.

Se trata, en consecuencia, de un contrato de naturaleza mercantil, bilateral, consensual, oneroso, de tracto sucesivo y temporal, que podría englobarse dentro del conjunto de actividades que habitualmente se conocen con el nombre de "financiación especializada en la empresa" (entre las que también cabría citar el leasing, el factoring, el confirming, etcétera).

Adicionalmente, puede decirse que el contrato de renting es un contrato atípico, en la medida en que en la legislación española no encuentra desarrollo expreso, por lo que su regulación deberá tomar como base la de los arrendamientos de bienes del Código Civil, así como, en determinados aspectos, la regulación correspondiente al leasing, contrato con el que guarda muchos puntos de conexión, todo ello sin perjuicio, por supuesto, de los acuerdos alcanzados por las partes y plasmados en el propio contrato de renting.

En relación con el leasing, el renting presenta dos diferencias fundamentales que conviene destacar: mientras que en aquél la existencia de una opción de compra a la finalización del contrato es un elemento esencial que debe concurrir en todo caso, en el renting dicha opción puede existir o no. Por otro lado, en el leasing es fundamental que el bien objeto del contrato quede afecto a una explotación económica (agrícola, pesquera, industrial, comercial, artesanal, etcétera), lo cual no es necesario en el caso del renting, que podrá ser utilizado por todo tipo de clientes. El contrato de renting se perfila como un producto en el que prima el componente de servicios sobre el financiero.

Si bien el principio de libertad de forma consagrado en nuestro Código Civil permite concluir que no existe una forma definida que deba adoptar el contrato de renting, lo habitual es que, en la práctica, el mismo adopte la forma escrita, documentándose en los modelos redactados con tal fin por las entidades arrendadoras, en los que suelen aparecer una serie de condiciones de carácter adhesivo, así como otras particulares o especiales para cada caso.

Si bien es cierto que el renting nace originalmente como fórmula que permite dar respuesta a una problemática básicamente empresarial, es indudable, también, que cada vez son más los particulares que eligen este mecanismo para acceder a determinados bienes como alternativa a su compra, lo cual se fomenta también por la amplia gama de servicios y opciones existente, así como por las condiciones ventajosas ofrecidas por las entidades financieras. La elección del renting resulta especialmente habitual en determinado tipo de bienes, como es el caso de los vehículos y los bienes de equipo.

ELEMENTOS PERSONALES EN UNA OPERACIÓN DE RENTING

En una operación de renting típica aparecerán normalmente las partes que se describen brevemente a continuación:

  • Arrendador: es la empresa que, a petición del arrendatario, adquiere un determinado bien del proveedor, para su posterior cesión a favor del cliente, a quien, además, ofrecerá y garantizará una serie de servicios adicionales.
  • Arrendatario o cliente: persona que solicita la adquisición de un determinado bien por la compañía de renting y su puesta a disposición para su uso a cambio del pago de una cantidad periódica a favor del arrendador.
  • Proveedor del bien: es la persona (física o jurídica) que suministra el bien a la empresa de renting. En algunos casos, es el propio proveedor del bien el que se compromete a la prestación de los servicios adicionales.

Normalmente pueden aparecer otras personas o entidades involucradas en la prestación de los servicios adicionales, como compañías aseguradoras que cubren los riesgos relacionados con el bien objeto del contrato, servicios de mantenimiento o reparación, etcétera.

ELEMENTOS OBJETIVOS DEL CONTRATO

Con carácter general, puede ser cedido el uso de cualquier tipo de bienes, muebles o inmuebles, si bien lo más habitual es que se trate de vehículos o equipos de telecomunicaciones, informáticos, copiadoras y otros productos electrónicos, maquinaria industrial pesada o equipos de seguridad.

Normalmente, los bienes sobre los que se efectúan operaciones de renting, por las particularidades de esta fórmula, son bienes con una obsolescencia tecnológica rápida, que precisan mantenimiento y que no forman parte de los procesos fundamentales de las empresas en los aspectos productivos, administrativos, etcétera.

La cuota a satisfacer por el arrendatario dependerá de diversos aspectos: el coste de adquisición o producción del bien objeto del contrato, la duración del mismo, la cantidad y naturaleza de los servicios adicionales contratados, así como por el resto de los gastos asumidos por el arrendador. Dado que se trata de un contrato de tracto sucesivo, el precio deberá satisfacerse con la periodicidad pactada por las partes.

La duración del contrato de renting suele depender de la naturaleza del bien que constituye el objeto del mismo, aunque es habitual que tal duración oscile entre los tres y los cinco años.

REGISTRO CONTABLE DE LAS OPERACIONES DE RENTING

Al objeto de determinar cuál es el tratamiento contable que corresponde a una operación de renting, es fundamental atender a las condiciones económicas que realmente caracterizan la operación. En concreto, el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas (ICAC) ha señalado que deberá distinguirse un tratamiento contable diverso en función de que nos encontremos ante un arrendamiento financiero o no financiero.

Con carácter general, el ICAC ha considerado que, aunque no exista opción de compra en el contrato de renting, pueden concurrir las siguientes circunstancias económicas que implicarían el tratamiento de la operación como una de leasing:

  • Contratos de arrendamiento en los que el período de alquiler coincide con la vida útil del bien o cuando, siendo menor, exista evidencia clara de que finalmente ambos períodos van a coincidir, no siendo significativo su valor residual al finalizar su período de utilización, y siempre que, de las condiciones pactadas, se desprenda la racionalidad económica del mantenimiento de dicho arrendamiento (en particular, se puede predicar esta racionalidad en aquellos casos en los que el valor presente de las cantidades a pagar al comienzo del arrendamiento supongan la práctica totalidad del valor del activo arrendado).
  • Cuando las especiales características de los bienes objeto del arrendamiento hacen que su utilidad quede restringida al arrendatario.

Por su parte, el apartado f) de la norma de valoración Quinta del Plan General de Contabilidad, aprobado por el Real Decreto 1643/1990, de 20 de diciembre, establece cómo deben registrarse contablemente las operaciones de arrendamiento financiero, en aquellos supuestos en los que, por las condiciones económicas de la operación, no existan dudas razonables de que se va a ejercitar la opción de compra.

En concreto, la Resolución del ICAC de 21 de enero de 1992, por la que se dictan normas de valoración del inmovilizado inmaterial, establece que no existen dudas razonables en relación con el ejercicio de la opción por parte del arrendatario cuando, existiendo opción de compra, el precio de la misma sea:

  • Inferior al valor residual al que se estima que tendrá el bien en la fecha de ejercicio de dicha opción;
  • O bien sea insignificante o simbólico en relación con el importe total del contrato de arrendamiento financiero.

De acuerdo con todo lo anterior, cuando el contrato de renting incluya una opción de compra y no existan dudas razonables acerca de su ejercicio, o bien cuando no existiendo opción de compra concurriese alguna de las circunstancias señaladas al comienzo de este apartado, la contabilización del renting deberían asimilarse a la de un arrendamiento financiero.

En tal caso, los derechos derivados de los contratos se contabilizarán como activos inmateriales por el valor al contado del bien, debiéndose reflejar en el pasivo la deuda total por las cuotas más el importe de la opción de compra. La diferencia entre ambos importes, constituida por los gastos financieros de la operación, se contabilizará como gastos a distribuir en varios ejercicios. Los derechos registrados como activos inmateriales serán amortizados, en su caso, atendiendo a la vida útil del bien objeto del contrato. Los gastos a distribuir en varios ejercicios se imputarán a resultados de acuerdo con un criterio financiero. Cuando se ejercite la opción de compra, el valor de los derechos registrados y su correspondiente amortización acumulada se dará de baja en cuentas, pasando a formar parte del valor del bien adquirido.

En el caso de que, por no concurrir las circunstancias apuntadas anteriormente, la operación de renting se definiese como un arrendamiento no financiero, su contabilización sería mucho más sencilla, en la medida en que el arrendatario se limitará a reconocer como gasto por alquiler las cuotas de renting, incluyéndolo bajo el epígrafe correspondiente a arrendamientos y cánones, y sin lucir, por lo tanto, en cuentas de balance de la empresa.

EJEMPLO: CÓMO CONTABILIZAR EL RENTING

A continuación exponemos un ejemplo sencillo que puede ilustrar el modo de contabilización de un renting, cuando el mismo no constituya un arrendamiento financiero.

Una sociedad suscribe un contrato de renting cuyas características pueden resumirse en los siguientes puntos:

  • Objeto del contrato: ordenador
  • Rentas: 36 mensualidades de 100 euros con vencimiento el día 1 de cada mes, fijándose la fecha del primer vencimiento el mes posterior a la firma del contrato (n es el número de cuotas devengadas en un ejercicio económico).
  • Fianza: La empresa arrendadora no ha exigido fianza al empresa arrendataria.
  • Impuestos indirectos: las cuotas están gravadas al tipo general del Impuesto sobre el Valor Añadido (16%).

Análisis contable:

ASPECTOS FISCALES RELACIONADOS CON EL RENTING

En lo referente al Impuesto sobre Sociedades correspondiente al arrendatario (asumiendo que se trate de una persona o entidad sujeta a dicho impuesto), si el contrato de renting no incluye opción de compra con carácter general será deducible la totalidad de la cuota que se haya satisfecho a la entidad arrendadora con motivo del contrato. El mismo tratamiento corresponderá en el caso de que exista opción de compra pero nada permita concluir que la misma se ejercitará sin lugar a dudas.

Por el contrario, en el caso de que exista opción de compra sobre el bien, y por las condiciones económicas de la operación no existan dudas razonables de que aquélla se va a ejercitar, será de aplicación una regla especial contenida en la Ley del Impuesto sobre Sociedades, en virtud de la cual sólo será deducible cada año para la entidad arrendataria del bien un importe equivalente a las cuotas de amortización que correspondan a la depreciación efectiva que sufran los distintos elementos como consecuencia de su funcionamiento, uso, disfrute u obsolescencia.

A estos efectos, es la propia Ley del Impuesto sobre Sociedades la que describe un supuesto en el que, en todo caso, se presumirá que no existen dudas razonables de que se ejercitará la opción de compra: cuando el importe a pagar por su ejercicio sea inferior al importe resultante de minorar el precio de adquisición o coste de producción del bien en la suma de las cuotas de amortización máximas que corresponderían a dicho bien dentro del tiempo de duración de la cesión.

En relación con el Impuesto sobre el Valor Añadido, cabe hacer las siguientes consideraciones:

  • La operación de arrendamiento realizada por la empresa de renting constituye, con carácter general, una prestación de servicios sujeta y no exenta, por lo que dicha entidad deberá repercutir el impuesto al arrendatario con cada una de las cuotas que emita al cobro (al tratarse de una operación de tracto sucesivo, el impuesto se devenga con cada una de las cuotas en la parte correspondiente).
  • La cuota del Impuesto sobre el Valor Añadido soportada por el arrendatario será deducible en la medida en que el bien por el que se hayan satisfecho esté afecto de forma directa y exclusiva a la realización de operaciones empresariales o profesionales, sujetas y no exentas del impuesto, y no existan otras limitaciones que restrinjan el derecho del arrendatario a deducir las cuotas soportadas.
  • En el caso particular de la adquisición de vehículos automóviles en régimen de renting, por la especial frecuencia con que se presenta esta operativa, debe tenerse en cuenta que la Ley reguladora del Impuesto sobre el Valor Añadido establece una presunción de afectación de este tipo de bienes a la actividad empresarial o profesional del 50%. Se trata de una presunción "iuris tantum" por lo que, de ser otra la afectación efectiva a la actividad, será el arrendatario el que deberá probar el grado real de utilización empresarial del vehículo para poder deducir un porcentaje de cuota soportada distinto del señalado.

VENTAJAS DEL RENTING PARA EL ARRENDATARIO

A continuación resumimos brevemente las ventajas que los contratos de renting presentan, desde distintos puntos de vista, para el arrendatario, y que han contribuido a que este tipo de operaciones alcance volúmenes de contratación muy significativos:

  • Permiten disfrutar del bien objeto del contrato sin necesidad de efectuar un desembolso importante de dinero en un único período (el de adquisición). De esta manera, posibilita que se liberen recursos financieros que podrán ser destinados a otras finalidades, realizar otras inversiones, etcétera.
  • No aparece reflejado en el balance de la empresa arrendataria, ni como inmovilizado en el activo ni como deuda en el pasivo (salvo los supuestos excepcionales a los que se hará referencia más adelante). Su contabilización es sencilla y, con carácter general, responde a la que procedería en un arrendamiento común.
  • Permite a la empresa arrendataria eliminar posibles costes variables derivados del mantenimiento, aseguramiento, etcétera, transformándolos en un coste fijo periódico y ayudando, de esta manera, a acometer una mejor planificación de la tesorería.
  • Las compañías de renting realizan normalmente importantes inversiones en bienes de equipo, por lo que suelen obtener importantes descuentos (rappels) que, de forma indirecta, se transforman en unos precios más asequibles para los clientes de las compañías de renting.
  • Permite una mejor adaptación de los bienes a la evolución tecnológica y/o a la evolución de la empresa. Del mismo modo, posibilita también a la empresa cliente la continua renovación de sus bienes de equipo, lo cual influye de forma positiva en su imagen ante terceros y, en consecuencia, en su prestigio en el mercado.
  • Permite no tener que asignar recursos materiales y humanos a tareas y cargas de tipo administrativo (contratación de seguros, gestión de reparaciones, etcétera).

DESVENTAJAS DEL RENTING PARA EL ARRENDATARIO

  • Dado que se trata de un alquiler, no atribuye al arrendatario la propiedad jurídica de la cosa, al menos en tanto en cuanto no se produce ejercicio de la opción de compra (si es que ésta existe).
  • Sólo podrán realizarse las revisiones y reparaciones del bien en los talleres y/o lugares autorizados por la compañía de renting.
  • Lo normal es que al cliente se le exija la constitución de una fianza al tiempo de producirse la firma del contrato de renting.
  • La cuota a pagar será normalmente superior a la que correspondería por un contrato de leasing o de préstamo para adquisición del bien, dado que la misma incluye no sólo el precio del alquiler sino también el del resto de servicios que presta la compañía de renting.