Open account, la alternativa al crédito documentario

 
 
 

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El empleo cada vez más usual de las open account como medio de financiación comercial ha venido a sustituir a los tradicionales créditos documentarios. Su éxito se ha debido sobre todo a que se presenta como una forma de ahorrar dinero y simplificar procesos de pago. Sin embargo, este ascenso ha destapado un nuevo problema: la falta de estándares industriales aplicables a procesos, documentación y regulaciones puede implicar una menor transparencia y un mayor riesgo, especialmente en condiciones de mercado inestables.

A mediados del siglo XIX Londres no sólo era la capital de un imperio que se extendía por los cinco continentes, sino además el epicentro del comercio global. Así pues, lo tenía todo para que George Peabody, un ambicioso financiero americano, estableciese allí su empresa de trading. Cuando Peabody, que no tenía hijos, eligió a un joven banquero de Boston, llamado Junius Spencer Morgan, como socio y heredero de su próspero negocio, éste se trasladó a Londres con su familia, incluyendo al joven John Pierpont (JP) Morgan, estableciendo así los cimientos de la venerable "House of Morgan".

La "House of Morgan" se convirtió rápidamente en el principal banco internacional, aún cuando el centro de gravedad de la economía se fue trasladando progresivamente al otro lado del Atlántico. En 1913, Jack, el tercero de la saga de los Morgan, inauguró la majestuosa sede central de JPMorgan en la esquina entre Broad y Wall Street, en Manhattan. Sellada dentro de la piedra angular del edificio se colocó una caja de cobre, con cuyo contenido simbolizaba los elementos básicos del comercio que constituían las raíces de la "House of Morgan". Uno de estos tótems era el modelo utilizado para los créditos documentarios.

Cientos de años antes de que Jack Morgan realizara su simbólico gesto, los créditos documentarios eran ya, no sólo una pieza clave del comercio, sino uno de sus cimientos. Antes de su aparición, los comerciantes, separados geográficamente, trataban de realizar las operaciones comerciales minimizando su riesgo, pero a costa de incrementar el riesgo de sus contrapartidas comerciales. Los créditos documentarios ayudaron a dar un paso adelante para eliminar riesgos por ambas partes, importador y exportador.

El comercio internacional estaba floreciendo, anticipándose al desarrollo de una economía globalizada, y los bancos, en aquellos días, eran instituciones casi gubernamentales que ayudaban a llenar un vacío evidente en el terreno regulatorio, financiero y comercial. Desde entonces el comercio internacional ha ido ganando en importancia, aunque la política, la regulación y la tecnología han cambiado el escenario por el que fluyen las mercancías y los pagos. A su vez, las formas de financiación del comercio exterior han ido evolucionando en paralelo.

Los volúmenes de las operaciones de importación han aumentado vertiginosamente, y los créditos documentarios siguen siendo aún masivamente utilizados. Al mismo tiempo, las comunicaciones y la tecnología han hecho que el mundo parezca más pequeño y ha permitido que las empresas establezcan estrechos lazos de cooperación. Los distribuidores en general, y la industria textil en particular, se vienen abasteciendo de mercancías en el extranjero desde hace largo tiempo, pero, hoy en día, la presión por comprar en países emergentes, debido a sus menores costes, es más fuerte que nunca. Así pues es cada vez más frecuente que los líderes en cada sector industrial hayan globalizado sus cadenas de suministro. Y en estos momentos la expansión del comercio exterior no proviene tanto del crecimiento orgánico de las empresas, sino del impulso de hacerse cuanto antes con el mayor control posible de las mercancías, dentro del proceso de aprovisionamiento de las mismas, eliminando agentes e intermediarios que no generan valor añadido a importadores de cierto tamaño.

Extremo Oriente, y China en particular, siguen siendo los principales beneficiarios de este crecimiento del comercio exterior. Aún así, lo cierto es que las fuentes de aprovisionamiento se han ido diversificando crecientemente: el 'país de origen' es raramente único, y el hecho de proveerse en el exterior es práctica habitual, y no la propuesta exótica que podría haber parecido en su momento. Las fábricas situadas en lugares muy lejanos se han convertido en socios de confianza. Y la diversidad en la base de proveedores - fábricas de diferentes tamaños, situadas en diferentes lugares y con diferentes capacidades - ha provocado también un abanico de instrumentos de pago.

Hasta hace bastante poco, el crédito documentario reinaba como el principal instrumento de financiación comercial. Y aún hoy se puede decir que representa un volumen significativo de importaciones, aunque la mayoría de los pagos de comercio exterior se realicen ya (y de manera creciente sin duda) mediante orden de pago simple (open account). El crédito documentario ha desafiado las predicciones que lo enterraban antes de tiempo, ya que, por un lado sigue siendo un instrumento eficaz para eliminar riesgos, y por otro, se ha convertido en un instrumento automatizado, más rápido, barato y fácil de utilizar. Aún así, y a pesar de sus reconocidas ventajas, el importador, el exportador, o a veces ambos, ya no sienten siempre la necesidad de la estructura que les ofrece esta herramienta.

OPEN ACCOUNT

Y a medida que el crédito documentario vaya perdiendo importancia... ¿qué instrumento le sustituirá? Sin duda los pagos open account, en cualquiera de sus muchas formas: a través de plataformas bancarias (como el confirming internacional u otras alternativas), de procesos locales, de TradeCard, de proveedores de software directos, o incluso de los propios sistemas de planificación de recursos de las empresas.

El resultado es que el ascenso de la open account crea un nuevo problema: la falta de estándares industriales aplicables a procesos, documentación y regulaciones. Se tiende a ver el open account como una forma de ahorrar dinero y de simplificar procesos de pago, sin tener en cuenta algunos "efectos secundarios" como puedan ser una menor transparencia y un mayor riesgo, especialmente en condiciones de mercado inestables.

El paso del crédito documentario a open account puede tener efectos colaterales que van más allá de una simple cuestión de coste. El análisis apropiado respecto a los diferentes métodos de pago debe considerar diferentes aspectos y alternativas. Por ejemplo, se pueden concertar métodos de pago que van desde el crédito documentario tradicional a la variante de carta de crédito corporativa, o soluciones de open account externalizadas a través de bancos (como el confirmig internacional) o in-house de la compañía importadora. Pero en definitiva, nos encontramos con que la carta de crédito supone un riesgo menor pero mayores costes operativos, frente al open account, que implica mayores riesgos pero menores costes operativos.

El coste suele ser el principal argumento para reemplazar el crédito documentario por el open account, y ciertamente éste soporta muchos menos costes operativos que el primero. Sin embargo, esta afirmación pasa por alto importantes aspectos subyacentes de la operación. Por ejemplo, generalmente crédito documentario permite que el proveedor tenga acceso a una pre-financiación, en mayor importe y con menor coste por parte de su entidad de crédito local, ventaja que no se verifica en el caso de las soluciones de open account.

Normalmente el crédito documentario se carga a la línea de crédito del solicitante (importador) abierta en el banco emisor. El coste varía en función de la solvencia del importador, y puede correr a cargo del importador o del exportador. Mediante el crédito documentario, el banco local del exportador tiene la certeza de que, mientras su cliente cumpla respecto al pedido del importador, cobrará (al ser el importador un comprador solvente, garantizado por un banco solvente).

Para el banco local, el riesgo de pago queda virtualmente eliminado, y quedando únicamente el riesgo de cumplimiento por parte del proveedor. De esta forma, el banco local está dispuesto a facilitar prefinanciación al proveedor a un tipo mejor al que habría sido posible sin la garantía prestada por el crédito documentario. Sin éste, el banco local solamente puede basarse en un pedido de compra, cuyo valor, como compromiso del importador, puede ser prácticamente nulo. Por lo tanto, el coste de la pre-financiación en un escenario de open account se basaría en la solvencia crediticia del exportador, que normalmente no es tan sólida como la del importador.

Y como nos podemos imaginar, los consecuentes mayores costes de financiación serán generalmente repercutidos al importador a través de un mayor coste de las mercancías.

Para los importadores es fundamental plantearse la cadena de suministros como un entorno conectado, en el que posiblemente un cambio que beneficie a una parte tenga un coste para otra (¡...o incluso para sí misma!).

Así, el importador debe relacionar su estrategia de compra y pago con su estrategia financiera en general. Necesita definir los objetivos finales de su cadena de suministro: ¿Desea extraer el máximo valor únicamente para su compañía, o repartir mejoras/eficiencias a toda la cadena de suministro? ¿Se quiere concentrar en su core business - aprovisionamiento, transporte, marketing y venta de mercancías -, o está dispuesto a asumir desafíos que se encuentran más allá de éste, aunque puedan distraerle de sus objetivos principales?

Desgraciadamente no existen respuestas óptimas o únicas, pero lo cierto que las empresas más dinámicas, y que solemos identificar como líderes en su sector, suelen coincidir en algunos puntos comunes a la hora de afrontarlas, como son:

  • Establecimiento de un programa con métodos de pago alternativos, que facilita a la compañía la flexibilidad necesaria para acomodarse a diferentes escenarios de financiación, tipos de proveedor y condiciones de mercado. (crédito documentario, confirming internacional, orden de pago simple, ...).
  • Capacidad de integrar, y homogeneizar en la medida de lo posible, diferentes tipos de procesos, según los proveedores (desde grandes proveedores estratégicos con los que se puedan realizar intercambios electrónicos de datos, hasta fábricas pequeñas con las que los procesos son a través de Internet o incluso con documentos en soporte físico).
  • Utilización de una tecnología adecuada, ya sea desarrollada internamente o por terceros.
  • Constancia de la importancia de los aspectos financieros en la cadena de suministro.
  • Análisis de la gestión de riesgos operativos, de cumplimiento normativo, aduanero, etcétera.
  • Conexión de los aspectos financieros y físicos del aprovisionamiento -con consideración para los operadores logísticos, bancos, compañías de inspección y verificación, administraciones aduaneras, etcétera- para optimizar los flujos monetarios, de documentación y de información.

Dicho esto, para cualquier empresa resulta ya un éxito simplemente plantearse seriamente estas cuestiones, sacar conclusiones y tomar decisiones fundamentadas, en lugar de dejarse llevar por las circunstancias o los hábitos adquiridos. Y el apoyo para tomar dichas decisiones solamente puede venir de un banco global, con la experiencia en comercio exterior grabada en su ADN, que integre una plataforma sofisticada de instrumentos y procesos financieros, con recursos de logística y gestión comercial global - una entidad financiera internacional que pueda al mismo tiempo anticipar y ayudar a salvar aquellas lagunas que pudieran comprometer sus flujos comerciales-. Este tipo de banco puede facilitar un asesoramiento y unos servicios coordinados que abarcan toda la cadena de suministro. Con los actuales vientos (o huracanes) de globalización, conformarse con menos puede comprometer nuestra competitividad.

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